Hola a todos, ¡aquí estamos de nuevo!
El día 1 del viaje comenzó muyyyy tempranito, como a las cuatro y pico de la madrugada y nos quedaba por delante una larga jornada saltando de vuelo en vuelo hasta la otra punta del mundo, pero estábamos muy ilusionados.
El primer vuelo fue el Madrid-París con Air France. Primer vuelo y primer incidente: me olvidé mi ebook en el asiento :( ¡Menudo cabreo cogí! Entre tanta maleta de mano, bolso y demás, se había colado en el lateral del asiento y no lo vi cuando me levanté. ¡Tenía por delante dos vuelos de 10 y 8 horas, más o menos, sin poder leer! Lo mejor fue que apenas lo eché de menos. Nuestros vuelos Paris-Los Ángeles y Los Ángeles-Papeete fueron con Air Tahiti Nui y, la verdad, me enamoré de la compañía nada más pisar el avión. Lo primero que hicieron fue darnos un tiaré, que es su logo, a cada uno (y ya no pasaría un día en Polinesia sin un tiaré detrás de la oreja). Nunca olvidaremos ese olor, ¡qué maravilla! Todo estaba decorado con imágenes de tiarés
Las azafatas llevaban el vestido tradicional polinesio (y ellos las famosas camisas de tela estampada) y todos llevaban tiarés en el pelo; allí es común para hombres y mujeres.
Nada más subir, sonaba música tradicional polinesia. Es tan bonita, evocadora y "buenrollera" que hoy cuando la oigo se me saltan las lágrimas, ¡qué ganas de volver!
Pues ese olorcito y ese buen rollo presidió los dos vuelos. Nos dieron en cada uno una bolsita con algunas cosas para hacer el trayecto más cómodo (antifaz, tapones, auriculares, calcetines y una pegatina muy graciosa para que te dejaran dormir o te despertaran con la comida).
Echamos como pudimos las muchas horas entre siestas, películas, paseos por el pasillo y comidas. La verdad, no fue tan horrible como me imaginaba.
Llegamos a Papeete a las 10 de la noche hora local y así nos recibieron:
¡Se te quita el cansancio de golpe al oir el ukelele y ver las danzas tradicionales! Poco después nos encontramos con el segundo incidente del viaje del que ya hablamos: nos habían perdido la maleta. Lo cierto es que no nos importó demasiado (se ve que se nos estaba contagiando el buen rollo de las islas). Nos dijeron que en un par de días estaría en el hotel y, como no llevábamos nada imprescindible, nos fuimos tranquilos.
Nos estaba esperando con unos collares de flores la persona encargada del transfer al hotel de Papeete, el Radisson. ¡Casi lloramos cuando nos dijeron que nos iban a dar una suite con jacuzzi por estar de luna de miel!¡Era justo lo que necesitábamos después de 24 horas de avión y aeropuertos!
Ya sólo nos quedaba descansar, aunque yo estaba ansiosa por despertarme y ver dónde estábamos.
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Luna de Miel en Polinesia-Costa Oeste: el vuelo
lunes, 1 de octubre de 2012
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Luna de miel en Polinesia-Costa Oeste: Maletas II
lunes, 20 de agosto de 2012
Y seguimos con las maletas... Este post es sólo para un consejillo que me permito daros por mi experiencia personal: llevad equipaje de mano!!!! Por supuesto, hay ocasiones en las que es imposible no facturar; por ejemplo, cuando vas muchos días, va a hacer frío en el destino o tienes pensado hacer muchas compras, pero si puedes evitarlo, evítalo!
A ver, la que escribe este post es la parte femenina de A-M y sé lo que cuesta reducir equipaje. Sin ir más lejos, mi bolsa de aseo parece un maletín, pero informe. Mi chico lo llama "la bola" porque dice que no hay maleta en la que encaje. Intento llevar muestrecitas y botes pequeños, pero a veces es imposible. Digo esto porque yo soy la primera que lo tengo muy complicado cuando intento reducir peso y volúmen en el equipaje, pero es algo necesario. Con la ropa lo cumplo algo más. Después de muchos viajes en los que he traído de vuelta la mitad de la maleta sin usar, me he decidido: llevo lo justo, ya no cargo más medio armario por todo el mundo. No pasa nada por repetir pantalón o camiseta si están limpios, nadie muere, no es una tragedia, así que mientras menos, mejor.
Cuando es imprescindible facturar es muy recomendable hacer la maleta de mano como si te fuesen a perder la otra, es decir, llevando lo más importante y un poco de todo. Incluso la bolsa de aseo, y eso que a mí me cuesta horrores meter todas mis cremas, maquillaje y potingues varios en botecitos pequeños y en un neceser transparente, pero te salva de muchas.
Precisamente, en el vuelo de ida a Papeete, nos perdieron la única maleta que facturamos, pero gracias al consejo que os acabo de dar, ni la echamos de menos. Afortunadamente, estaba localizada, se había quedado en París y sólo tardaron dos días en mandárnosla al hotel de Moorea, pero realmente, ni nos hizo falta. No sabéis la tranquilidad que da eso. Evidentemente, fastidia quedarte el último en la cinta comprobando que tu maleta no va a salir, pero cuando no llevas nada imprescindible, te lo tomas de otra manera. Y además, la compañía nos dio una indemnización!!
Espero que estos consejillos de viajera aficionada os sean de ayuda. Hasta la próxima
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A ver, la que escribe este post es la parte femenina de A-M y sé lo que cuesta reducir equipaje. Sin ir más lejos, mi bolsa de aseo parece un maletín, pero informe. Mi chico lo llama "la bola" porque dice que no hay maleta en la que encaje. Intento llevar muestrecitas y botes pequeños, pero a veces es imposible. Digo esto porque yo soy la primera que lo tengo muy complicado cuando intento reducir peso y volúmen en el equipaje, pero es algo necesario. Con la ropa lo cumplo algo más. Después de muchos viajes en los que he traído de vuelta la mitad de la maleta sin usar, me he decidido: llevo lo justo, ya no cargo más medio armario por todo el mundo. No pasa nada por repetir pantalón o camiseta si están limpios, nadie muere, no es una tragedia, así que mientras menos, mejor.
Cuando es imprescindible facturar es muy recomendable hacer la maleta de mano como si te fuesen a perder la otra, es decir, llevando lo más importante y un poco de todo. Incluso la bolsa de aseo, y eso que a mí me cuesta horrores meter todas mis cremas, maquillaje y potingues varios en botecitos pequeños y en un neceser transparente, pero te salva de muchas.
Precisamente, en el vuelo de ida a Papeete, nos perdieron la única maleta que facturamos, pero gracias al consejo que os acabo de dar, ni la echamos de menos. Afortunadamente, estaba localizada, se había quedado en París y sólo tardaron dos días en mandárnosla al hotel de Moorea, pero realmente, ni nos hizo falta. No sabéis la tranquilidad que da eso. Evidentemente, fastidia quedarte el último en la cinta comprobando que tu maleta no va a salir, pero cuando no llevas nada imprescindible, te lo tomas de otra manera. Y además, la compañía nos dio una indemnización!!
Espero que estos consejillos de viajera aficionada os sean de ayuda. Hasta la próxima
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Luna de miel en Polinesia-Costa Oeste: Maletas I
martes, 14 de agosto de 2012
He de decir que, a pesar de ser éste uno de los viajes que más ilusión me ha hecho realizar nunca, no pudimos dedicar a su preparación todo el tiempo y la dedicación que acostumbramos, por razones evidentes. Esto se resumió en que llegamos a casa unas 10 horas antes de que saliera el vuelo, hechos polvo y con las maletas por hacer. Afortunadamente, se cumple el dicho de una buena amiga mía "el tiempo que dedicas a hacer una maleta es el tiempo del que dispones: que tienes tres días, tres días; que tienes cinco minutos, pues cinco minutos". Totalmente cierto.
Teníamos un problema añadido y es que traíamos ya las maletas llenas, así que hubo que vaciar y volver a llenar tres maletas. ¡El salón parecía un campo de batalla! Pero, al final, lo logramos. Eso sí, eran ya más de la una de la madrugada, y nos tocaba levantarnos a las cuatro de la mañana, así que echamos sólo una cabezadita, no antes de vaciar la cama de arroz y cereales (detalle de bienvenida de nuestros amigos). El despertador sonó cuando todavía no habían puesto las calles y con sueño, pero con muchas ganas, nos preparamos y nos fuimos para Barajas.
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Teníamos un problema añadido y es que traíamos ya las maletas llenas, así que hubo que vaciar y volver a llenar tres maletas. ¡El salón parecía un campo de batalla! Pero, al final, lo logramos. Eso sí, eran ya más de la una de la madrugada, y nos tocaba levantarnos a las cuatro de la mañana, así que echamos sólo una cabezadita, no antes de vaciar la cama de arroz y cereales (detalle de bienvenida de nuestros amigos). El despertador sonó cuando todavía no habían puesto las calles y con sueño, pero con muchas ganas, nos preparamos y nos fuimos para Barajas.
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