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TÚNEZ VII Relax y tranquilidad en Yasmine Hammamet

martes, 2 de abril de 2013

Para los últimos días de este viaje que os hemos estado relatando, el hotel de playa lo cogimos en régimen de media pensión. En este caso era lo más adecuado porque a mediodía nos daba libertad y comer por allí es barato, el todo incluido o la pensión completa no merecía la pena. Comimos los dos días en una pizzería cercana por 5 euros cada uno (pizza y bebida).

El resto del día y el día siguiente (último día) nos dedicamos a disfrutar de la maravillosa playa del hotel y hacer las últimas compras en la medina de Yasmine Hammamet (llamada nueva medina), a 5 minutos a pie. La medina es un poco hortera, pero tiene un montón de tiendas y puestos con precios reducidos. Tanto es así que en alguna tienda, sorprendentemente, no se regatea. Comprobamos que algunas de las compras hechas durante el viaje tras largas negociaciones podíamos haberlas hecho en esta medina, así que no os preocupéis, tendréis muchas oportunidades de comprar productos de artesanía local y otros recuerdos.


El regalo estrella del viaje fue la rosa del desierto. Os la ofrecerán continuamente, pero con precios muy variados. Nosotros, gracias a nuestro guía, el último día del circuito por el sur conseguimos en un pueblecito (lo sentimos, no recordamos el nombre) 10 rosas del desierto de las pequeñas por 1 dinar (0.60 euros) y las grandes por 2 dinares; y las llegamos a ver diez veces más caras.

A la medina de Hammamet (medina antigua) no fuimos porque implicaba coger un autobús y la verdad es que ya estábamos un poco cansados, queríamos relajarnos por un par de días.

Hasta el último día disfrutamos del buen tiempo y de la playa antes de que nos recogiesen para llevarnos al aeropuerto.

En líneas generales, fue un viaje que nos encantó; creo que la relación calidad precio es fantástica y hay muchas cosas que ver y disfrutar. Desde aquí, os invitamos a que visitéis Túnez. Hasta la próxima.


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TÚNEZ VI Visita a la capital y Sidi Bou Said

miércoles, 20 de marzo de 2013

Antes de bajar del autobús para poner fin al circuito de cuatro días, un representante del operador nos ofreció una visita Express a Túnez capital y Sidi Bou Said para el día siguiente. Nos pareció perfecto porque nos daba la posibilidad de conocer algo de la capital y de este precioso pueblo costero, en sólo medio día.

La noche la pasamos mejor y al día siguiente ya estábamos casi recuperados totalmente. Nos recogieron en el hotel y comenzamos la visita relámpago. Fuimos hasta Túnez, el viaje fue menos movidito que el primero que hicimos por esa carretera porque en esta ocasión íbamos en 2 furgonetas y por esa carretera en obras fue mucho más fácil que con el autobús.

Primero fuimos a Túnez, vimos los edificios más importantes en una vuelta panorámica y después aparcamos en el centro de Túnez, para dar un paseo y visitar la medina. Nos gustó por el hecho de conocer la capital, aunque no es más bonito que lo visto en días pasados. De camino pudimos ver también las ruinas de Cartago.




Luego fuimos a Sidi Bou Said, un precioso pueblecito costero con todas las casas son de color blanco y las puertas y ventanas de color azul.




Esta excursión relámpago fue un acierto, si tenéis ocasión de hacer algo parecido, hacedlo, nos ocupó sólo una mañana y estuvo muy bien aprovechada.
 


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Marruecos: la impresionante Fez

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Y por fin, desde Meknés, llegamos a Fez. Era nuestro último día en Marruecos y había que aprovecharlo.

Habíamos contratado los servicios de una guía profesional, la primera después de muchos espontáneos. Como sólo disponíamos de unas horas (desde media mañana hasta la tarde) nos centramos en la medina, en Fez el-Bali o la ciudad vieja.

Lo primero que te cuentan es su extensión: es el espacio peatonal más grande del mundo. Está formado por más de 9.400 calles, algunas minúsculas y con un trazado caótico. En resumen, un guía para conocerlo no es ningún capricho (y tampoco es caro, alrededor de 30€ un día completo para todo el grupo).

Entramos por la puerta Bab Bou Jeloud, la más importante. Enseguida se estrecha la vía y se acumulan a ambos lados puestos repletos de todo.

La primera parada fue en la medersa o madraza Bou Inania. Realmente impresionante por su belleza.



Continuamos callejeando por este laberinto y nos faltaban ojos para ver todo lo que se mostraba ante nosotros. Había muchísima gente y bullicio, y apenas se podía circular por algunas calles, pero a cada esquina descubríamos algo insólito.


Visitamos el zoco de los ¿cómo llamarlos? "tronos" para las bodas. Es algo que yo no había visto nunca, porque no he asistido a una boda musulmana, pero se estila que los novios disfruten de su fiesta sentados en estas cosas, mientras más recargadas y brillantes, mejor. Pero bueno, cada uno tiene sus costumbres... Lo que sí me gustó mucho es conocer paso por paso toda la ceremonia de la boda, que la guía amablemente nos explicó.


Nos llevaron también a un funduq o fonda del siglo XVIII donde hoy día está el Museo de la Artesanía de la madera. Ha sido recientemente restaurado y se nota, está impecable. Desde arriba se pueden contemplar unas buenas vistas de la medina sembrada de antenas parabólicas.


En la medina, todo está dividido por zocos. Se componen de una o varias calles especializadas en el comercio de algún producto. Las hay de joyería, de cerámica, de tintes, de hojalata, etc. Es muy conocida la plaza Seffarine, donde se reunen los caldereros.

Pero lo que más ganas tenía de conocer desde que pisé Fez eran las curtidurías. Constituyen la estampa más pintoresca y conocida de Fez, y realmente no debes perdértelas. Cuando vas caminando por la medina, tu olfato es el que te dice que están cerca. Son conocidas por el olor nauseabundo que desprenden.

La más conocida es la de Chouwara. Puede contemplarse desde las numerosas terrazas con las que cuentan las tiendas de artículos de piel. Nosotros entramos a una de ellas, y lo primero que hicieron fue darnos una rama de menta (¡ay, la que nos esperaba!). Subimos por una escalera muy estrecha hasta llegar al piso superior, que se abría al exterior. Ante nosotros se abría un panorama increíble:


Confieso que esta estampa me impresionó profundamente. No podía dejar de mirar (ni de oler, desgraciadamente). El hedor es insoportable aunque, afortunadamente, viene por rachas, así que da un "respiro" entre una y otra.

Comprobar las condiciones en las que trabaja esta gente es sobrecogedor. Se pasan horas aguantando ese olor metidos hasta la cintura en cubetas de tinte y de sustancias de todo tipo para curtir las pieles, que van llegando a lomos de burros.


Allí te explican los diferentes tratamientos que tienen las pieles hasta convertirse en cuero, y pueden distinguirse por el color de las cubetas. Las hay con cal, con varias sustancias como excrementos de paloma y orina de vaca para ablandarlas e hidratarlas y con tintes naturales de muchos colores. Ya no tenéis que preguntaros más por qué huelen tan mal los artículos de piel procedentes de Marruecos.


Después de este inolvidable espectáculo, continuamos paseando por la medina, entrando en puestos y viviendo este ambiente. Aficionados a la fotografía como somos, disfrutamos muchísimo ante las posibilidades que nos ofrecía este enclave tan particular.


Desde luego, se puede decir que Fez es una experiencia para todos los sentidos. Altamente recomendable.




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Marruecos: visita exprés a Meknés

lunes, 26 de noviembre de 2012

Debido al accidentado viaje que ya os relaté aquí, llegamos bastante más tarde de lo que pensábamos a Meknés, por eso nuestra visita fue muy breve.

Al aparcar cerca del riad donde nos hospedábamos nos salió otro guía espontáneo que nos ofreció sus servicios. Como teníamos muy poco tiempo para visitar la medina, no nos pareció mal, así que fijamos un precio y quedamos con él para un rato más tarde.

Nos alojamos en el Riad Yakout, muy cerca de la medina.

Nos gustó mucho este sitio. Había sido reformado hace poco y la decoración era preciosa. La comida también estaba muy bien y su localización era inmejorable.



La medina la vimos con muy poca luz. Fue una pena, porque la ciudad entera fue declarada patrimonio mundial de la Unesco y tuvimos muy poquito tiempo para verla. El guía nos enseñó muchos rincones,entre ellos mezquitas, hornos de pan y hammams, que suelen estar cerca unos de otros, como nos explicó. También nos llevó a la cooperativa de fabricación de kilims, donde compramos un par de ellos, preciosos.

Después estuvimos en el mercado, que sí estaba bien iluminado. Fue fascinante la aglomeración de puestos, gente, olores y cosas diferentes que se vendían por allí. Nos llamaron especialmente la atención los encurtidos y las especias.



A la mañana siguiente, antes de salir para Fez fuimos a visitar el Mausoleo de Mulay Ismael, sultán que en el siglo XVII convirtió a Meknés en una de las ciudades más bellas y poderosas de Marruecos. Es realmente bonito, y por ser una tumba, puede entrarse a la mezquita, aunque no a la zona de oración.



También vimos la célebre puerta de Bab Mansour, junto a la plaza principal de Meknés, El Hedime.


Nos dio tiempo a dar una vuelta corta por la medina ya de día y a poco más, porque teníamos que salir para Fez, sólo disponíamos de ese día para verla.

Nos quedamos sin ver las ruinas romanas de Volubilis, a unos treinta kilómetros de la ciudad. Ya no podíamos abarcar más, así que lo dejamos para la siguiente escapada a Marruecos.







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