Introducimos hoy un post, que esperamos que se repita con vuestra colaboración, sobre por qués relacionados con los viajes.
Y no, el primer por qué no es sobre el nombre de este avión, aunque nos dejó alucinados...
La primera duda que tenemos es sobre algo que se repite en muchos de los vuelos que he hecho a lo largo de mi vida: el aplauso final en el momento de aterrizar. Y estaréis conmigo en que no es algo raro; lo he presenciado tantas veces que ya hasta lo espero, y si nadie aplaude, me parece raro.
Yo entiendo que el pasaje aplaudiera al piloto que aterrizó en el río Hudson salvándoles la vida a todos (aunque quizá estaban tan acojonados que no cayeron en eso), pero en cualquier vuelo, pues no, la verdad...
Una explicación puede ser que la gente que no ha volado en su vida está tan contenta de tocar tierra que, en vez de besarla como el papa, aplaude al piloto. Esa sensación (la de querer besar el suelo) sí la he tenido en un par de ocasiones. La primera fue en un vuelo Madrid-Túnez. El avión se movió muchísimo, bajó muy bruscamente revolviéndonos a todos el estómago, incluso se cayeron maletas de los compartimentos superiores, lo pasamos bastante mal. En ese caso no sé si salvamos la vida gracias al piloto o si nos tocó el novato... La cuestión es que yo no estaba para aplaudir a nadie.
La segunda fue en el vuelo de Papeete a Moorea, y eso que era muy corto, pero fueron los quince minutos más largos de mi vida. Al ser un avión de hélices, el viento lo desestabilizaba bastante, y ese día hacía muuuucho viento. Menos mal que, como llegamos directamente al paraíso y, quizá, al mejor hotel que hemos pisado en nuestra vida, el mal rato se pasó pronto.
Total, que me asaltan las dudas y me gustaría saber, no sólo por qué la gente aplaude, sino también por qué lo hacen en unos vuelos sí y en otros no. Para mí es un misterio... ¿me podríais dar vuestra opinión? ¿Sois de los que aplaudís o de los que os reís de los que aplauden?
Mostrando entradas con la etiqueta Moorea. Mostrar todas las entradas
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¿Por qué?
viernes, 25 de octubre de 2013
Luna de miel Polinesia-Costa Oeste: Bora Bora II
lunes, 8 de octubre de 2012
Lo que no podíamos imaginar es que nuestro segundo día en Bora Bora iba a ser aún mejor que el primero.
Habíamos contratado el día anterior una excursión. Como en el caso de Moorea, también lo habíamos consultado antes en foros y leído todo tipo de opiniones. Total, que cuando llegamos allí lo teníamos clarísimo: queríamos el Ecotour.
Nos recogieron en el muelle por la mañana. Éramos ocho, seis italianos y nosotros. La verdad es que en Polinesia hay muchísimo turismo italiano; junto con los franceses, son los más numerosos. Españoles apenas nos cruzamos a tres parejas en un sitio o en otro.
El guía de la excursión se llamaba Aia, y era un crack. También el piloto. El buen rollo y las risas presidieron todo el día. Íbamos en la lancha con una mezcla de música reggae, rap, disco estilo polinesio a toda pastilla (desde entonces me encanta), y divirtiéndonos muchísimo con las ocurrencias de Aia.
Nos dieron una vuelta por toda la laguna y seguíamos sin creer el color del agua que nos rodeaba.
La excursión tenía varias paradas. En la primera nos llevaron a un arrecife de coral donde vimos peces de colores increíbles. Le daban de comer y nos rodeaban por todas partes.¡Fue alucinante! Hicimos miles de fotos y vídeos con la gopro.
Nos dejaron un buen rato nadando por allí. La verdad es que no nos queríamos ir, pero la siguiente parada fue aún más alucinante. Nos llevaron a un sitio donde el agua sólo te cubría hasta la cintura. Ya cuando nos acercábamos empezamos a ver desde arriba lo que nos esperaba: rayas, muchas rayas.
Es cierto que daba algo de cosa tirarse al agua con esos bichos tan enormes rodeándonos, pero cuando veías que no te hacían nada, no querías irte. Por arriba pinchan un poco, sobre todo la cola, que si te roza fuerte, puede hacerte daño; pero por abajo eran muy suaves, con un tacto un poco gelatinoso. Por lo visto, llevan unos veinte años alimentándolas en esa zona, así que están más que acostumbradas a los seres humanos y son como perritos. Es ver a alguien en el agua y rodearlo. Nos sacaron a una y la estuvimos acariciando y dándole besos, jaja. La mitad de la excursión no quiso ni meterse en el agua, pero nosotros lo pasamos genial con las rayas.
La siguiente parada iba a ser un poco más heavy. Nos salimos de la barrera de coral al océano y aquí podéis ver a los amigos que nos estaban esperando.
Cuando divisamos uno suelto de lejos, Aia nos decía en italiano que no nos preocupáramos, que eran tonno, atún, jajaja. Cuando llegamos y echamos el ancha empezó a animarnos a saltar diciendo "Come on, shark food", jaja.
Yo fui la primera en tirarme al agua. Sólo nos quisimos meter tres de los ocho que éramos. Nosotros no nos lo podíamos perder. La verdad es que impresionaban mucho tan de cerca. Había dos especies de tiburones, los punta negra, de 1,5 a 2 metros y, al fondo, los limón, que podían llegar a 3 metros. En teoría, los punta negra no hacen nada. Los limón un poco más, pero no suben a la superficie, los veías allí abajo tranquilos.
No me voy a hacer la valiente. Cuando te tiras con las gafas y las aletas y miras por primera vez debajo del agua, da bastante impresión verte rodeada de tiburones. Cuando empiezas a darte cuenta de que pasan de ti, ya te vas envalentonando y empiezas a perseguirlos. Eso sí, cuando alguno cambiaba de rumbo inesperadamente y los veías de frente con esos ojos rayados y esas bocas pensabas "¿Qué narices hago yo aquí?". Los limón impresionaban más, eran muy grandes.
Fue una experiencia increíble que no olvidaremos nunca. Después de un rato, nos subimos de nuevo al barco y nos fuimos al sitio donde íbamos a comer. A este motu.
Era una islita totalmente desierta. Sólo había un par de chozas con mesas y bancos y una barbacoa. Aia y el piloto nos hicieron de comer un menú polinesio 100%. Todo muy bueno. Pescado y pollo a la brasa, bizcocho de coco, poison cru (el plato nacional, podíamos decir, que consiste en pescado crudo macerado en lima y leche de coco), algún guiso con plátano, tubérculos hervidos y piña, todo ello regado con cerveza Hinano, la marca polinesia de cerveza más famosa junto con Tabu. Lo mejor era la presentación y los platos en los que comimos, hechos con hojas de palmera. Todo muy exótico.
Después de esto nos hicieron demostraciones sobre modos de ponerse el pareo (otra más, en el hotel también nos habían hecho una) y ya nos volvimos rumbo al hotel. No queríamos que se acabara, había sido un día increíble.
En nuestra opinión, esta excursión es la mejor de las que te pueden ofrecer en Bora Bora. Son muy populares las del Lagoonarium, una especie de acuario donde también puedes nadar con rayas y tiburones, pero nada comparable con hacerlo en el mar abierto, en su medio. Este tipo de excursiones las puedes contratar en todos los hoteles y son la mejor opción en Bora Bora. Una experiencia inolvidable.
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Habíamos contratado el día anterior una excursión. Como en el caso de Moorea, también lo habíamos consultado antes en foros y leído todo tipo de opiniones. Total, que cuando llegamos allí lo teníamos clarísimo: queríamos el Ecotour.
Nos recogieron en el muelle por la mañana. Éramos ocho, seis italianos y nosotros. La verdad es que en Polinesia hay muchísimo turismo italiano; junto con los franceses, son los más numerosos. Españoles apenas nos cruzamos a tres parejas en un sitio o en otro.
El guía de la excursión se llamaba Aia, y era un crack. También el piloto. El buen rollo y las risas presidieron todo el día. Íbamos en la lancha con una mezcla de música reggae, rap, disco estilo polinesio a toda pastilla (desde entonces me encanta), y divirtiéndonos muchísimo con las ocurrencias de Aia.
Nos dieron una vuelta por toda la laguna y seguíamos sin creer el color del agua que nos rodeaba.
La excursión tenía varias paradas. En la primera nos llevaron a un arrecife de coral donde vimos peces de colores increíbles. Le daban de comer y nos rodeaban por todas partes.¡Fue alucinante! Hicimos miles de fotos y vídeos con la gopro.
Nos dejaron un buen rato nadando por allí. La verdad es que no nos queríamos ir, pero la siguiente parada fue aún más alucinante. Nos llevaron a un sitio donde el agua sólo te cubría hasta la cintura. Ya cuando nos acercábamos empezamos a ver desde arriba lo que nos esperaba: rayas, muchas rayas.
Es cierto que daba algo de cosa tirarse al agua con esos bichos tan enormes rodeándonos, pero cuando veías que no te hacían nada, no querías irte. Por arriba pinchan un poco, sobre todo la cola, que si te roza fuerte, puede hacerte daño; pero por abajo eran muy suaves, con un tacto un poco gelatinoso. Por lo visto, llevan unos veinte años alimentándolas en esa zona, así que están más que acostumbradas a los seres humanos y son como perritos. Es ver a alguien en el agua y rodearlo. Nos sacaron a una y la estuvimos acariciando y dándole besos, jaja. La mitad de la excursión no quiso ni meterse en el agua, pero nosotros lo pasamos genial con las rayas.
La siguiente parada iba a ser un poco más heavy. Nos salimos de la barrera de coral al océano y aquí podéis ver a los amigos que nos estaban esperando.
Cuando divisamos uno suelto de lejos, Aia nos decía en italiano que no nos preocupáramos, que eran tonno, atún, jajaja. Cuando llegamos y echamos el ancha empezó a animarnos a saltar diciendo "Come on, shark food", jaja.
Yo fui la primera en tirarme al agua. Sólo nos quisimos meter tres de los ocho que éramos. Nosotros no nos lo podíamos perder. La verdad es que impresionaban mucho tan de cerca. Había dos especies de tiburones, los punta negra, de 1,5 a 2 metros y, al fondo, los limón, que podían llegar a 3 metros. En teoría, los punta negra no hacen nada. Los limón un poco más, pero no suben a la superficie, los veías allí abajo tranquilos.
No me voy a hacer la valiente. Cuando te tiras con las gafas y las aletas y miras por primera vez debajo del agua, da bastante impresión verte rodeada de tiburones. Cuando empiezas a darte cuenta de que pasan de ti, ya te vas envalentonando y empiezas a perseguirlos. Eso sí, cuando alguno cambiaba de rumbo inesperadamente y los veías de frente con esos ojos rayados y esas bocas pensabas "¿Qué narices hago yo aquí?". Los limón impresionaban más, eran muy grandes.
Fue una experiencia increíble que no olvidaremos nunca. Después de un rato, nos subimos de nuevo al barco y nos fuimos al sitio donde íbamos a comer. A este motu.
Era una islita totalmente desierta. Sólo había un par de chozas con mesas y bancos y una barbacoa. Aia y el piloto nos hicieron de comer un menú polinesio 100%. Todo muy bueno. Pescado y pollo a la brasa, bizcocho de coco, poison cru (el plato nacional, podíamos decir, que consiste en pescado crudo macerado en lima y leche de coco), algún guiso con plátano, tubérculos hervidos y piña, todo ello regado con cerveza Hinano, la marca polinesia de cerveza más famosa junto con Tabu. Lo mejor era la presentación y los platos en los que comimos, hechos con hojas de palmera. Todo muy exótico.
Después de esto nos hicieron demostraciones sobre modos de ponerse el pareo (otra más, en el hotel también nos habían hecho una) y ya nos volvimos rumbo al hotel. No queríamos que se acabara, había sido un día increíble.
En nuestra opinión, esta excursión es la mejor de las que te pueden ofrecer en Bora Bora. Son muy populares las del Lagoonarium, una especie de acuario donde también puedes nadar con rayas y tiburones, pero nada comparable con hacerlo en el mar abierto, en su medio. Este tipo de excursiones las puedes contratar en todos los hoteles y son la mejor opción en Bora Bora. Una experiencia inolvidable.
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Luna de miel Polinesia-Costa Oeste: Moorea III
sábado, 6 de octubre de 2012
El segundo día en Moorea volvimos a despertarnos muy temprano, pero esta vez no me conformaba con ver el amancer desde la playa, quería bañarme. Nos cambiamos y salimos corriendo a la playa (totalmente desierta) y nos metimos en el agua, que estaba templadita. Desde dentro, vimos aparacer el sol entre nubes y palmeras. Una maravilla imposible de describir con palabras:
Nos pegamos una ducha con agua calentita en las duchas de la playa -que estaban hechas de madera y totalmente camufladas- y nos fuimos otra vez a ponernos hasta arriba en el desayuno. Era una maravilla, porque la bollería era francesa, con unos croissants y pain au chocolat increíbles, variedad de quesos, etc.; luego tenían zumos de frutas exóticas y mermeladas de piña, plátano, tiaré y piña con vainilla (esta última estaba tan buena que no nos resistimos a comprarla en la excursión). Aparte de todas las cosas típicas en los bufet de desayuno. ¡Una gozada para unos "zampabollos" como nosotros!
La mañana la echamos tomando el sol en la playa, haciendo snorkel (no te cansabas de ver peces de colores) y haciendo paddle surf. Picamos algo en el bar de la playa (después de nuestros superdesayunos no necesitábamos mucho) y nos fuimos a la piscina por la tarde.
Esa noche, lá última, nos dieron mesa para cenar en el muelle. Estaba todo iluminado y, como el agua era transparente y el fondo claro, vimos pasar todo tipo de peces, hasta una manta. ¡Fue increíble! El entorno, la música, la comida (y, por supuesto, la compañía) era todo perfecto. Todo, salvo que al día siguiente nos teníamos que ir de allí. Menos mal que la pena se compensaba con el destino siguiente: ¡¡Bora Bora!!
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Nos pegamos una ducha con agua calentita en las duchas de la playa -que estaban hechas de madera y totalmente camufladas- y nos fuimos otra vez a ponernos hasta arriba en el desayuno. Era una maravilla, porque la bollería era francesa, con unos croissants y pain au chocolat increíbles, variedad de quesos, etc.; luego tenían zumos de frutas exóticas y mermeladas de piña, plátano, tiaré y piña con vainilla (esta última estaba tan buena que no nos resistimos a comprarla en la excursión). Aparte de todas las cosas típicas en los bufet de desayuno. ¡Una gozada para unos "zampabollos" como nosotros!
La mañana la echamos tomando el sol en la playa, haciendo snorkel (no te cansabas de ver peces de colores) y haciendo paddle surf. Picamos algo en el bar de la playa (después de nuestros superdesayunos no necesitábamos mucho) y nos fuimos a la piscina por la tarde.
Esa noche, lá última, nos dieron mesa para cenar en el muelle. Estaba todo iluminado y, como el agua era transparente y el fondo claro, vimos pasar todo tipo de peces, hasta una manta. ¡Fue increíble! El entorno, la música, la comida (y, por supuesto, la compañía) era todo perfecto. Todo, salvo que al día siguiente nos teníamos que ir de allí. Menos mal que la pena se compensaba con el destino siguiente: ¡¡Bora Bora!!
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Luna de miel Polinesia-Costa Oeste: Moorea II
viernes, 5 de octubre de 2012
Gracias al jet lag, nos despertamos muy temprano la primera mañana en Moorea. El premio fue ver amanecer:
Nos fuimos a desayunar y, como es usual en nosotros, arrasamos. Todo tenía una pinta magnífica y el entorno no podía ser mejor:
Después salimos al hall porque venían a recogernos para la excursión. Respecto a las excursiones en Moorea, nos estuvimos informando antes del viaje consultando en muchas webs. La mayoría recomiendan la del 4x4 y esa es la que elegimos. Moorea es una isla montañosa y con muchas cosas que ver. La excursión nos ofrecía una ruta por la isla con varias paradas: la bahía de Cook,
las plantaciones de piñas (con degustación de zumo natural luego)
el mirador del Belvedere para ver desde arriba las dos bahías (Cook y Opunohu).
También paramos a ver unos maraes (templos polinesios) y fuimos a un pueblecito, donde nos estuvieron eseñando cómo se crian las perlas, la tipología, cómo se clasifican, etc. (y dos perlas vinieron de vuelta con nosotros, jiji).
Al final, subimos un camino muy escarpado y estrecho hasta la llamada "montaña mágica". Las vistas eran impresionantes:
También estuvimos en una degustación de licores hechos allí, a cuál más bueno, y nos pasearon por más plantaciones de frutas tropicales. De vuelta paramos en el mirador de Toatea, encima justo de nuestro hotel. La excursión había sido magnífica, muy variada y completa. Nuestra guía hablaba también español y fue un encanto. Lo pasamos muy bien, pero estábamos deseando volver al hotel y nadar en ese agua turquesa.
Subiendo a la "Montaña Mágica" vimos excursiones como la nuestra, pero en quad. Iban un grupo por parejas con un guía. Me alegré de haber cogido la de 4x4 porque la gente, sin experiencia en quad, lo estaba pasando mal para subir con aquellas cuestas y el precipicio abajo. Nosotros fuimos muy cómodos, con una pareja de franceses y otra de polinesias, sólo preocupados de no perdernos detalle cámara en mano. Muy, muy recomendable esta excursión.
Y cuando llegamos, ¡nuestra maleta perdida había vuelto!
La tarde nos la echamos grabando vídeos en el agua con la Gopro (gracias Manu) y echando la siesta en una hamaca colgada entre palmeras, ¡qué vida más dura!.
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Nos fuimos a desayunar y, como es usual en nosotros, arrasamos. Todo tenía una pinta magnífica y el entorno no podía ser mejor:
Después salimos al hall porque venían a recogernos para la excursión. Respecto a las excursiones en Moorea, nos estuvimos informando antes del viaje consultando en muchas webs. La mayoría recomiendan la del 4x4 y esa es la que elegimos. Moorea es una isla montañosa y con muchas cosas que ver. La excursión nos ofrecía una ruta por la isla con varias paradas: la bahía de Cook,
las plantaciones de piñas (con degustación de zumo natural luego)
el mirador del Belvedere para ver desde arriba las dos bahías (Cook y Opunohu).
También paramos a ver unos maraes (templos polinesios) y fuimos a un pueblecito, donde nos estuvieron eseñando cómo se crian las perlas, la tipología, cómo se clasifican, etc. (y dos perlas vinieron de vuelta con nosotros, jiji).
Al final, subimos un camino muy escarpado y estrecho hasta la llamada "montaña mágica". Las vistas eran impresionantes:
También estuvimos en una degustación de licores hechos allí, a cuál más bueno, y nos pasearon por más plantaciones de frutas tropicales. De vuelta paramos en el mirador de Toatea, encima justo de nuestro hotel. La excursión había sido magnífica, muy variada y completa. Nuestra guía hablaba también español y fue un encanto. Lo pasamos muy bien, pero estábamos deseando volver al hotel y nadar en ese agua turquesa.
Subiendo a la "Montaña Mágica" vimos excursiones como la nuestra, pero en quad. Iban un grupo por parejas con un guía. Me alegré de haber cogido la de 4x4 porque la gente, sin experiencia en quad, lo estaba pasando mal para subir con aquellas cuestas y el precipicio abajo. Nosotros fuimos muy cómodos, con una pareja de franceses y otra de polinesias, sólo preocupados de no perdernos detalle cámara en mano. Muy, muy recomendable esta excursión.
Y cuando llegamos, ¡nuestra maleta perdida había vuelto!
La tarde nos la echamos grabando vídeos en el agua con la Gopro (gracias Manu) y echando la siesta en una hamaca colgada entre palmeras, ¡qué vida más dura!.
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Luna de miel Polinesia-Costa Oeste: Sofitel Moorea Ia Ora
jueves, 4 de octubre de 2012
Como decía en el anterior post, iba a necesitar una entrada entera para hablar del Sofitel Moorea Ia Ora Beach Resort.
Llegamos desde el aeropuerto en un momento, porque está realmente cerca, y nos recibieron muy bien. El hotel era precioso. Había varios tipos de bungalows, unos en el jardín, otros en la playa y los overwater. El resto de las instalaciones estaban dispersas y perfectamente integradas en la vegetación. Lo primero que hicimos fue ir a ver nuestra cabañita y flipar. ¡Qué maravilla! Era como un sueño hecho realidad.
Estábamos al lado de una playa maravillosa con el agua del turquesa más increíble que habíamos visto hasta el momento (cambiaríamos de opinión en Bora Bora).
Y aquí sí que era clarita la arena:
Nos faltó tiempo para meternos en el agua (creo que todavía ni habían llegado las maletas a la habitación). La tarde no acompañaba mucho porque hacía bastante viento, pero el agua estaba estupenda y nosotros no podiamos parar de reir y de mirar todo con incredulidad. ¡Era lo más bonito que había visto nunca! Y más aún cuando cogimos nuestros equipos de snorkel y vimos que teníamos justo al lado arrecifes de coral con todos los peces de Buscando a Nemo, jaja.
¿Reconocéis ya dónde fue tomada la imagen de nuestro perfil?
Fuimos a ver la piscina, también muy bonita, y el resto de las instalaciones. Nos estuvieron explicando además las excursiones y contratamos una para el día siguiente.
Cuando llegó el momento de la cena, nos quedamos maravillados con la calidad del bufet y lo precioso que era el sitio. Las tres cenas que tuvimos allí fueron temáticas, pero nada que ver con los bufets de otros hoteles, era todo estupendo. Todas las noches había espectáculo de danza polinesia tradicional. ¡Cómo me gusta esa música!
Seguiremos contando maravillas en otro post.
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Llegamos desde el aeropuerto en un momento, porque está realmente cerca, y nos recibieron muy bien. El hotel era precioso. Había varios tipos de bungalows, unos en el jardín, otros en la playa y los overwater. El resto de las instalaciones estaban dispersas y perfectamente integradas en la vegetación. Lo primero que hicimos fue ir a ver nuestra cabañita y flipar. ¡Qué maravilla! Era como un sueño hecho realidad.
Estábamos al lado de una playa maravillosa con el agua del turquesa más increíble que habíamos visto hasta el momento (cambiaríamos de opinión en Bora Bora).
Y aquí sí que era clarita la arena:
Nos faltó tiempo para meternos en el agua (creo que todavía ni habían llegado las maletas a la habitación). La tarde no acompañaba mucho porque hacía bastante viento, pero el agua estaba estupenda y nosotros no podiamos parar de reir y de mirar todo con incredulidad. ¡Era lo más bonito que había visto nunca! Y más aún cuando cogimos nuestros equipos de snorkel y vimos que teníamos justo al lado arrecifes de coral con todos los peces de Buscando a Nemo, jaja.
¿Reconocéis ya dónde fue tomada la imagen de nuestro perfil?
Fuimos a ver la piscina, también muy bonita, y el resto de las instalaciones. Nos estuvieron explicando además las excursiones y contratamos una para el día siguiente.
Cuando llegó el momento de la cena, nos quedamos maravillados con la calidad del bufet y lo precioso que era el sitio. Las tres cenas que tuvimos allí fueron temáticas, pero nada que ver con los bufets de otros hoteles, era todo estupendo. Todas las noches había espectáculo de danza polinesia tradicional. ¡Cómo me gusta esa música!
Seguiremos contando maravillas en otro post.
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Luna de Miel Polinesia-Costa Oeste: el primer día
miércoles, 3 de octubre de 2012
El primer día (fuera de un avión) amaneció en Papeete muy temprano, y nosotros también, ¡menudo jet lag!. No obstante agracedimos ese día y todos los que siguieron en la Polinesia poder despertarnos sin ningún esfuerzo como a las 6 de la mañana o antes y ver el maravilloso amanecer en cualquiera de las islas.
Teníamos el mar delante de nuestra terraza, y todo el alrededor era una vegetación espesa como yo no había visto nunca. Disponíamos de la mañana en el hotel porque el vuelo a Moorea no salía hasta mediodía, así que desayunamos como reyes con esta vista:
Y después salimos a dar un paseo por la playa de delante del hotel. Por lo visto, sólo hay una playa de arena blanca en toda la isla de Tahiti, la nuestra no lo era:
Pero en adelante, todas las demás sí lo serían.
Estuvimos dando una vuelta por el hotel, que es bastante bonito, muy integrado en el entorno; y luego nos fuimos a la piscina.
Lo que más nos llamó la atención fue la cantidad de gallos y gallinas sueltos que había por todas partes: en el cesped de la piscina, en los tejados... Luego nos enteramos de que son salvajes y por eso corretean por los hoteles a sus anchas.
Poco después vinieron a buscarnos para ir al aeropuerto. Atravesamos Papeete en medio de una manifestación. Estaba todo bastante revuelto, pero llegamos a tiempo para comer algo y coger nuestro vuelo.
El vuelo duraba sólo 15 minutos, pero podemos decir que fueron algunos de los más largos de nuestra vida. Hacía mucho viento y la avioneta en la que íbamos se movía mucho, pero mucho, mucho, y eso que yo nunca he tenido miedo a volar. Cuando llegamos a Moorea nos faltó besar el suelo, jaja.
El aeropuerto de Moorea era poco más que dos bungalows unidos. Las maletas las sacaban en un carro y las dejaban en un mostrador al lado para que cada uno cogiera las suyas.
Allí nos esperaba una persona para llevarnos a nuestro fantástico hotel, ¡el Sofitel Moorea Ia Ora Beach Resort!
Creo que para este hotel necesito otro post...
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Teníamos el mar delante de nuestra terraza, y todo el alrededor era una vegetación espesa como yo no había visto nunca. Disponíamos de la mañana en el hotel porque el vuelo a Moorea no salía hasta mediodía, así que desayunamos como reyes con esta vista:
Y después salimos a dar un paseo por la playa de delante del hotel. Por lo visto, sólo hay una playa de arena blanca en toda la isla de Tahiti, la nuestra no lo era:
Pero en adelante, todas las demás sí lo serían.
Estuvimos dando una vuelta por el hotel, que es bastante bonito, muy integrado en el entorno; y luego nos fuimos a la piscina.
Lo que más nos llamó la atención fue la cantidad de gallos y gallinas sueltos que había por todas partes: en el cesped de la piscina, en los tejados... Luego nos enteramos de que son salvajes y por eso corretean por los hoteles a sus anchas.
Poco después vinieron a buscarnos para ir al aeropuerto. Atravesamos Papeete en medio de una manifestación. Estaba todo bastante revuelto, pero llegamos a tiempo para comer algo y coger nuestro vuelo.
El vuelo duraba sólo 15 minutos, pero podemos decir que fueron algunos de los más largos de nuestra vida. Hacía mucho viento y la avioneta en la que íbamos se movía mucho, pero mucho, mucho, y eso que yo nunca he tenido miedo a volar. Cuando llegamos a Moorea nos faltó besar el suelo, jaja.
El aeropuerto de Moorea era poco más que dos bungalows unidos. Las maletas las sacaban en un carro y las dejaban en un mostrador al lado para que cada uno cogiera las suyas.
Allí nos esperaba una persona para llevarnos a nuestro fantástico hotel, ¡el Sofitel Moorea Ia Ora Beach Resort!
Creo que para este hotel necesito otro post...
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Luna de miel en Polinesia-Costa Oeste: Maletas II
lunes, 20 de agosto de 2012
Y seguimos con las maletas... Este post es sólo para un consejillo que me permito daros por mi experiencia personal: llevad equipaje de mano!!!! Por supuesto, hay ocasiones en las que es imposible no facturar; por ejemplo, cuando vas muchos días, va a hacer frío en el destino o tienes pensado hacer muchas compras, pero si puedes evitarlo, evítalo!
A ver, la que escribe este post es la parte femenina de A-M y sé lo que cuesta reducir equipaje. Sin ir más lejos, mi bolsa de aseo parece un maletín, pero informe. Mi chico lo llama "la bola" porque dice que no hay maleta en la que encaje. Intento llevar muestrecitas y botes pequeños, pero a veces es imposible. Digo esto porque yo soy la primera que lo tengo muy complicado cuando intento reducir peso y volúmen en el equipaje, pero es algo necesario. Con la ropa lo cumplo algo más. Después de muchos viajes en los que he traído de vuelta la mitad de la maleta sin usar, me he decidido: llevo lo justo, ya no cargo más medio armario por todo el mundo. No pasa nada por repetir pantalón o camiseta si están limpios, nadie muere, no es una tragedia, así que mientras menos, mejor.
Cuando es imprescindible facturar es muy recomendable hacer la maleta de mano como si te fuesen a perder la otra, es decir, llevando lo más importante y un poco de todo. Incluso la bolsa de aseo, y eso que a mí me cuesta horrores meter todas mis cremas, maquillaje y potingues varios en botecitos pequeños y en un neceser transparente, pero te salva de muchas.
Precisamente, en el vuelo de ida a Papeete, nos perdieron la única maleta que facturamos, pero gracias al consejo que os acabo de dar, ni la echamos de menos. Afortunadamente, estaba localizada, se había quedado en París y sólo tardaron dos días en mandárnosla al hotel de Moorea, pero realmente, ni nos hizo falta. No sabéis la tranquilidad que da eso. Evidentemente, fastidia quedarte el último en la cinta comprobando que tu maleta no va a salir, pero cuando no llevas nada imprescindible, te lo tomas de otra manera. Y además, la compañía nos dio una indemnización!!
Espero que estos consejillos de viajera aficionada os sean de ayuda. Hasta la próxima
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A ver, la que escribe este post es la parte femenina de A-M y sé lo que cuesta reducir equipaje. Sin ir más lejos, mi bolsa de aseo parece un maletín, pero informe. Mi chico lo llama "la bola" porque dice que no hay maleta en la que encaje. Intento llevar muestrecitas y botes pequeños, pero a veces es imposible. Digo esto porque yo soy la primera que lo tengo muy complicado cuando intento reducir peso y volúmen en el equipaje, pero es algo necesario. Con la ropa lo cumplo algo más. Después de muchos viajes en los que he traído de vuelta la mitad de la maleta sin usar, me he decidido: llevo lo justo, ya no cargo más medio armario por todo el mundo. No pasa nada por repetir pantalón o camiseta si están limpios, nadie muere, no es una tragedia, así que mientras menos, mejor.
Cuando es imprescindible facturar es muy recomendable hacer la maleta de mano como si te fuesen a perder la otra, es decir, llevando lo más importante y un poco de todo. Incluso la bolsa de aseo, y eso que a mí me cuesta horrores meter todas mis cremas, maquillaje y potingues varios en botecitos pequeños y en un neceser transparente, pero te salva de muchas.
Precisamente, en el vuelo de ida a Papeete, nos perdieron la única maleta que facturamos, pero gracias al consejo que os acabo de dar, ni la echamos de menos. Afortunadamente, estaba localizada, se había quedado en París y sólo tardaron dos días en mandárnosla al hotel de Moorea, pero realmente, ni nos hizo falta. No sabéis la tranquilidad que da eso. Evidentemente, fastidia quedarte el último en la cinta comprobando que tu maleta no va a salir, pero cuando no llevas nada imprescindible, te lo tomas de otra manera. Y además, la compañía nos dio una indemnización!!
Espero que estos consejillos de viajera aficionada os sean de ayuda. Hasta la próxima
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